APUNTES

Hablar con el cuerpo

“La desconexión del cuerpo es una epidemia cultural. De todas las pérdidas que hoy en día quiebran el alma humana, este aislamiento puede ser el más alarmante, porque nos separa de las propias raices de la existencia. Ante trabajos que resultar degradantes, rutinas que son automáticas y entornos que aniquilan nuestros sentidos, perdemos la alegría que produce mantener la conexión dinámica con la única presencia viva que tenemos garantizada durante toda la vida: nuestro cuerpo.”
Anodea Judith “Cuerpo de Oriente, mente de Occidente.”

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En las sociedades occidentales desde pequeños se nos enseña a priorizar y valorar la mente muy por encima de las emociones y el cuerpo; hemos aprendido que éstos deben ser controlados por ser poco fiables. Hablamos de “mi cuerpo” como si fuese un objeto de nuestra pertenencia y no un aspecto de nosotros mismos, un aspecto de nuestra experiencia de ser. Nuestro lenguaje refleja esta división entre cuerpo y mente identificando el “yo” unicamente con esta última: no tenemos ningún término que pueda hacer que nos apropiemos de nuestra experiencia corporal como “yo” (lo que sería algo así como yo-cuerpo). No nos damos cuenta de que “somos” cuerpo. Sin ser esta experiencia corporal yo no estaría escribiendo este artículo. El cuerpo es expresión material de lo que somos aquí y ahora.

Como señala Anodea Judith en “Cuerpo de Oriente, Mente de Occidente” le hacemos muchas cosas al cuerpo pero no le escuchamos: machacamos nuestros cuerpos en el gimnasio, hacemos dietas o comemos en exceso, tenemos pésimos horarios, corremos de un lado para otro… Luego compramos libros buscando información sobre la mejor alimentación, cuánto y cómo dormir bien, cómo mantenernos sanos, sobre sexualidad… ignorando que nuestras sensaciones y emociones son la manera más fiable de estar conectados con la realidad, tanto externa como interna, puesto que nos orientan hacia aquello que necesitamos en el presente (el cuerpo sólo existe en el ahora, no puede desplazarse al pasado ni al futuro como la mente).

Cada vez estamos más anestesiados por las rutinas, por el sedentarismo, por la velocidad a la que vivimos, y más abotargados por el exceso de estimulos de esta sociedad consumista. Como resultado de esta desconexión aumentan la insatisfacción y los casos de ansiedad, angustia, depresión…

“Si eres un cuerpo vivo, nadie puede decirte cómo debes experimentar el mundo. Y nadie puede decirte lo que es la verdad, porque la experimentas por ti mismo.” Stanley Keleman.

Además nuestro cuerpo refleja nuestra historia personal. Todas las experiencias vividas en nuestra vida, las reacciones a los distintos acontecimientos se han ido grabando en nuestras musculaturas. Hemos aprendido a responder emocionalmente y mentalmente de determinada manera a cada situación (ante el miedo a la pérdida, a la agresión, al enfado, a sentirnos vulnerables, a la alegría etc). Lo mismo ocurre en nuestro cuerpo: nuestras respuestas tienen una forma ya mecanizada de responder. Y es dificil salirse de ellas. ¿Quién no ha tratado sin éxito de enfrentarse a las situaciones que le resultan conflictivas en la vida de un modo distinto al “de siempre”? Nuestros hábitos emocionales y mentales son hábitos corporales también.

¿Qué hacer? ¿Cómo podemos recuperar y ampliar esta conexión genuina con nuestras experiencias corporales? ¿Cómo podemos flexibilizar nuestros automatismos y rigideces y explorar nuevas formas de relacionarnos con nosotros mismos y con los demás, de desbloquear e integrar aspectos o partes desconocidas de nuestro cuerpo y nuestra personalidad?

En su libro “Caminos de autorrealización” Antoni Blay afirma que la expresión consciente y plena (es decir, no se trata de una catarsis sino una expresión en la que estamos absolutamente presentes en lo que hacemos, sentimos y pensamos) cumple tres funciones:
– es un medio de liberar energéticamente el cuerpo: ayuda a canalizar las tensiones y emociones que acumulamos en el día a día y que quedan latentes en nuestra musculatura y sistema fascial.
– es un medio de desarrollo de la persona, puesto que al expresar plenamente aquello que sentimos o imaginamos desarrollamos nuestras capacidades en estos tres aspectos del ser:mente, cuerpo y emoción.
nos acercamos a nuestro propio ser: al entregarnos a la expresión con cuerpo, mente y emoción estamos más enteros, más completos, se produce una integración del ser que somos.

El Movimiento Expresivo-Proceso Corporal Integrativo creado por Antonio del Olmo es una práctica psicocorporal con la que a través del baile, la música, la voz, el masaje, la dramatización, el dibujo y otras artes plásticas… pretendemos ampliar la conciencia de quiénes somos y equibrar la relación entre mente, cuerpo y emoción logrando mayor bienestar y completud en nuestras vidas.

¿Qué es lo que hacemos en las clases o talleres?: bailar, expresarnos a través de la música y el movimiento y de distintas propuestas. Hay lugar para el movimiento libre y para el movimiento guiado.

“Ya no se trata solo de hablar del cuerpo, sino más bien de hablar con el cuerpo, a través del cuerpo, cuerpo a cuerpo.” Serge Ginger.

Para mí, Proceso CorporaI Integrativo es como eso que se dice que respondía Miguel Angel cuando le preguntaban sobre su trabajo como escultor: “¿Cómo puedo hacer una escultura? Simplemente retirando del bloque de mármol todo lo que no es necesario.”

Retirar lo que sobra, lo que está de más en nuestra vida y en nosotr@s: los juicios, las definiciones con las que nos etiquetamos y coartamos, el bien y el mal, la seducción manipuladora, las exigencias de un resultado o una estética, las prohibiciones, las vergüenzas, los miedos… Todo esto es el bloque de marmol.

Durante la sesión me encuentro con el querer gustar, con el no atreverme a actuar (en el sentido de “poner en acción”) o mostrarme en algo en lo que no me reconozco (ante una música seductora pienso “yo no soy sensual y no puedo bailar esto”). Me encuentro con lo que le pongo yo a la música (“eso es cursi”, “eso es vanal”, “eso es. ..”), o simplemente con la pereza de seguir investigando y la facilidad de quedarme con mi baile de siempre, mi zona de confort. Son formas de protegerme de la experiencia que puede sacarme de la idea que tengo de mi misma. Pero cuando me salgo de esa idea un poco, cuando entreno y doy un nuevo pasito, cuando me atrevo a mostrarme en lo que no conozco, cuando me entrego a la música y al contacto, me amplío. Hace falta voluntad -que sería el cincel del escultor- y es un trabajo. Y así van cayendo los juicios, se van ablandando las identificaciones, se van despertando la curiosidad por lo que no conozco de mi y el gusto por el riesgo, el disfrutar el contacto con los otros… y aparecen el sentido del humor y la ligereza y el juego…

Y salgo de vuelta a lo cotidiano más viva, más disponible, un poco más despierta, libre de tanto acumular ansiedad y tensiones. Con los ojos más abiertos, los pies más aposentados en la realidad y el corazón más abierto.

A veces, las menos, durante la sesión una música despierta un impulso, una imágen o una emoción que tiran de mi y me llevan sin premeditación. La atención ya no está puesta en miradas ajenas o en mi juez interno, sino en el simple hecho de dar forma a lo que siento y en desarrollarlo, y eso me completa. El movimiento cobra otra calidad que no es la del baile habitual, tiene un peso, una contundencia, una expresión clara que surge de lo profundo. La relación con el espacio cambia: ya no soy alguien que se pasea por el mundo sin relación con lo(s) que me rodea, sino alguien en relación con él, que lo moldea, que lo transforma, que genera reacciones. Y me quedo después con una sensación de ser plenamente y con un vacío gozoso.

De pronto entiendo que ni siquiera soy “eso” que bailé y que me hizo sentir que “era” ; en realidad sólo soy el mismo acto de expresar: la expresión misma, no su contenido. Aparece la forma que se hallaba oculta en el bloque de marmol: la esencia, el cuerpo-ser liberado.

Este artículo fue inicialmente publicado en la web Ubuntucultural.
Mi agradecimiento  a Stella Maldolnado y a Antonio del Olmo por  su disponibilidad para revisar el texto y su enorme generosidad.
Cuerpo de Oriente, mente de Occidente. Anodea Judith. Arkano Books. 2013

Caminos de autorrealización. Tomo I. Antoni Blay.Ed.Cedel
Gestalt, el arte del contacto. Serge Ginger. RBA Integral. 2005
Proceso Corporal. Un enfoque gestalt para el trabajo corporal en psicoterapia. James I.Kepner. El Manual Moderno. 1992